Alto Guiso
Alto Guiso

 

En pocas semanas saldrá a la luz el libro Alto Guiso, poesía matancera contemporánea; una antología de poetas cuya actividad literaria se centra en el conurbano bonaerense, específicamente en este caso, en el partido de La Matanza.

Este nuevo trabajo de la Editorial Leviatán y coordinado por el Dr. Fabián Banga desde Berkeley, California es una selección de once poetas locales que vienen escribiendo en nuestro territorio desde la década de los 70s. Hay poemas de Omar Cao y Hugo Salerno (fundadores del grupo La Luna Que Se Cortó Con La Botella), Gino Bencivenga (director de la revista Hoja de Todos), Pedro Chappa (escritor miembro de la revista Contrabando), José Paredero (grupo literario La Besana), Patricia Verón (suplemento literario El Ángel), Alba Murúa y Elizabeth Molver (miembros de los distintos talleres literarios que funcionan en el partido), y las nuevas generaciones Anahí Cao, Víctor Cuello y María Sueldo Müller.

El libro se complementa con el prólogo de la poeta Luisa Futoransky, poeta nacida en Ramos Mejía que reside actualmente en París, un estudio literario de Banga, crítico literario y profesor en Berkeley City College, California, y un contexto histórico realizado por el profesor Martín Biaggini de la Universidad Nacional Arturo Jauretche.

 Entrevista a Fabián Banga

 

Oscar Pettinato: ¿Cómo se les ocurrió hacer este proyecto?

Fabián Banga: Es un poco graciosa la historia. El invierno pasado, en junio, mi querido amigo Martín Biaggini, historiador local, un clásico. ¿Lo conocés?…

OP: Sí, por supuesto, Martín, muy querido, un gran tipo…

FB: Sí, es un todo terreno, Martín. Me invitó a presentar mi libro a un coloquio que estaban haciendo en la Universidad Nacional Arturo Jauretche. Yo había llegado a Buenos Aires en junio invitado por Leviatán para presentar aquel libro de esoterismo y vanguardia (Brujos, Espiritistas y Vanguardistas, Leviatán, 2016) salió también esto. Me pasó a buscar y en el camino a Florencio Varela le pregunto si es que conocía alguna antología reciente de poetas del Conurbano y más específicamente de La Matanza. Me comenta de algunas, me habló de los poetas, y no sé cómo, pero en dos minutos ya estábamos planeando la idea de hacer esta antología.  Martín se encargó de pedir los poemas a los poetas, los vimos juntos y me los traje en el avión en junio.

OP: Ya el guiso se fue forjando en “alto” vuelo (risas)

FB: Sí, de alguna forma fue una selección de mucha altura (risas) Es una frase maravillosa esa de “Alto Guiso” es musical, es perfecta. Cuando juntamos los poemas con Martín ahí me di cuenta en lo que me estaba metiendo porque no tenía ni idea que podía haber en la propuesta de los poetas. Tenía claro desde un principio que sería una selección y que por supuesto no podía abarcar todo. Cuando los seleccionara tenía que dialogarlo con todos ellos. Ver si era justa la selección. Venía en el avión con dos materiales fundamentales, el libro de Jorge (Monteleone) 200 años de Poesía Argentina que entre amigos lo llamamos “el ladrillo celeste”, que editó Alfaguara, y disco con 11 carpetas con los poemas de los poetas matanceros. Me gustó el número, vos sabes que soy medio numerólogo… (risas)

OP: Estabas armando el seleccionado de La Matanza…

FB: Y los palos que me comería por semejante audacia (risas) Alguien dijo que era una especie de “legión de superhéroes” y locales me lo han confirmado. Yo leo desde otro lado, con lo positivo y negativo del anonimato y la distancia. Lo que sí que cuando comencé a leer los poemas me di cuenta inmediatamente que había algo en esto. Sobre todo, por las variaciones y las perspectivas caleidoscópicas que había de la realidad de La Matanza, de los lugares, como si se estuviera viendo algo muy verosímil para nosotros, pero desde distintas perspectivas. Hay una honestidad evidente en ellos, cada uno con sus técnicas, sus amores. Por ejemplo, en muchos de ellos se escucha a Gelman. Lo que es una especie de halago hacía él, que habiéndolo conocido estoy seguro lo habría apreciado. Yo hablé mucho con Jorge sobre esa antología magna y heroica de los 200 años y como los diferentes poetas se hablan unos con otros. Para mí esa antología de Monteleone, es uno de los trabajos más importantes de los últimos años. Como si los poemas fueran un rompecabezas de los mismo. Yo intenté hacer algo similar con esta antología siguiendo sus pasos, pero en este caso en lo local. No era que buscaba los “mejores” poemas, lo que de por si es una idea boluda. Había que elegir poemas que funcionaran juntos. Fue una tarea muy larga a las corridas en el trajín del semestre con las clases, la familia. Me quedé pegado y no lo podía dejar. Es muy sutil el proceso, pero si lees los poemas elegidos notarás que se hablan entre ellos. Le traje la idea a mis editores y les encantó desde un primer momento. Leviatán se portó muy bien con nosotros, pusieron todos sus recursos sobre la mesa, de primera. En 6 meses estaba el libro prácticamente terminado después de innumerables horas de trabajo. Tiene ese libro muchas horas de lectura de mucha gente. Dentro de poco sale a las librearías. Luego se repartirá en USA en formato digital y papel y de acá a Europa, etc.

OP: ¿Y vos ya conocías a estos poetas?

FB: Los y las conozco virtualmente. Es un poco la relación del crítico con los escritores. Yo soy amigo de muchos escritores y generalmente no trabajo la escritura de mis amigos. Están muy cerca. En este caso me ayudaba la distancia. Había leído trabajos que me mostraban desde La Matanza, pero no me había enfocado mucho en ellos/ellas, descontando algunos minutos que había pasado con Pajarito (Víctor Damián Cuello). Sabía sí de Chappa ya que Martín me mandaba libros él. Hay mucho para trabajar sobre Chappa. Conocía a Gino (Bencivenga) cuando Martín me llevó a La Tapera y el tano nos recibió con tanta generosidad, un grosso absoluto. Me encariñé mucho con él, su señora, la casa.

OP: ¿Te gustó La Tapera? Sabés que para nosotros es un templo ese lugar.

FB: Me encantó La Tapera. No, de verdad. Es un lugar importante. Le damos tanto tiempo, tantos recursos a cosas tan insignificantes, de plástico y pre digeridas y que consumimos en semejante tristeza, y llegás a Laferrere, que de por si es un lugar distinto y te encontrás con esa literalmente tapera colmada de arte y te tenés que conmover porque de lo contrario estás en estado de coma. Es una máquina del tiempo activa, estás en presencia real cuando estás ahí. Es algo heroico. Me hace acordar a la casa de mi tío Alfredo, un tanto también medio abuelo mío que llegó a la Argentina escapando de Mussolini.

OP: ¿Te contaron la historia de ese teatro?

FB: Que Gino la compró vendiendo su auto…

OP: Sí.

FB: Impresionante. Es una novela de Pasternak. Si le prestás atención a todos estos detalles, y no es que uno sea nostálgico o que venga con la teoría del buen salvaje y quiera arrogantemente halagar los suburbios de Buenos Aires desde Europa, lo que sería el sumun del vómito. Honestamente y humildemente hay mucho en estas historias. A ver. Cuando Chappa te describe los olores del guiso, los sonidos que llegan desde el barrio en los trabajos de Pajarito, la amazona dolida por el patriarcado en los poemas de Alba (Murúa) entre otros, no es “lindo”, hay mucho dolor ahí. Hay algo que conocemos porque venimos de los barrios. Vos conocés muy bien a estos poetas.

OP: Sí.

FB: Hay una cercanía con esta escritura. No estamos hablando de Constantinopla hace mil años o la relación de Petrarca con Garcilaso. Esto es acá. Es ahí que uno como crítico tiene que bajar un cambio. Yo por lo menos lo veo así. Como decía ese personaje de la película Ratatouille, la posición del crítico es muy cómoda, lo que requiere cierta responsabilidad. Hay muchos que vendrán con el tema de la objetividad, una especie de “deshumanización del arte 2.0”. Yo no puedo en este caso. Como que el crítico hace silencio y se queda escuchando o mirando esas imágenes. Como diciendo acá, señalando por más que cuando querés decir algo, como diría Vallejo, te sale espuma. Entonces solamente decís acá, y te quedás en silencio.

OP: ¿Nos contaste que se va a presentar este trabajo en California?

FB: Sí…

OP: Sos un loco…

FB: ¡No! ¿por qué?

OP: A ver… yo comparto y sabés, pero no es común escuchar cosas como ésta. Todo el mundo mirando para afuera en genuflexión y vos vas en dirección opuesta.

FB: El tema pasa por el compromiso con la letra. Vos conocés muy bien a estos poetas, tengo entendido que en su momento inclusive algunos de ellos trabajaron o colaboraron en el NCO.

OP: Así es.

FB: La cancha no es tan grande, tarde o temprano nos teníamos que cruzar. Si hay algo, hay algo. Si no hay, no hay. Hay mucho que no se ha trabajado de estos poetas y el campo es fértil. Hay mucho para pensar y muchos de ellos/as son jóvenes. Yo ya soy de acá, las cosas se dieron solas.

OP: Pero ¿cómo es el tema de presentarlos en Berkeley?

FB: El libro lo vamos a presentar en algunos eventos este semestre, inclusive ya tengo compromisos y fechas. Estamos hablando con un centro de UC Berkeley que quiere invitarme para que hable del libro. Va haber un festival de poesía en traducción en abril y vamos a pasar videos de los poetas leyendo que ya están circulando por el internet. El tema son ellos/as. Ya en mi departamento en la universidad se enteraron y todos quieren ver de qué se trata. Seguro que haremos un segmento en la conferencia anual que tenemos en noviembre en la asociación de lenguas extranjeras. Hay muchos espacios para charlar del tema.

OP: Lo van a presentar aquí me imagino.

FB: Por supuesto. Ya hay algunas fechas tentativas. Tengo entendido que Leviatán va organizar algunas, hay eventos locales. Probablemente varias en junio y yo viajaría a Buenos Aires… perdón, a La Matanza (risas) para estar en algunos eventos que aún no tenemos fecha. Los/as poetas van a hacer también eventos propios. Queremos que haya copia del libro en nuestras bibliotecas tanto acá como en el sur. Sería lindo que se lean en las escuelas. Imagino ya se estarán dando casos.

OP: Me contaste que ¿ya se leen en las clases en Berkeley?

FB: Sí. Nosotros en BCC hemos usado inclusive algunos poemas y textos en clases como texto de análisis, y se los lee al lado de quien sea. Recuerdo traer un texto de Chappa, por ejemplo. Algún poema de Gino. Pero no es algo nuevo. A Chappa lo leen en París según me contaban y está perfecto. Lo que no es un proceso nuevo. Te doy un ejemplo. Nosotros en las cátedras de Berkeley leíamos mucho a César Aira en los 90s. Lo trajo mi maestra Francine Masiello y nos encantó. Algo similar le pasó en su tiempo a Perlongher y a Bolaño. Recuerdo leer Cómo me hice monja (1993) no mucho después de que saliera ese libro, y yo venía a los libreros en Buenos Aires y nadie sabía quién era César Aira.

OP: Pero tu maestra sí sabía quién era.

FB: Por ahí pasa. Una profesora norteamericana sabe quién es Aira, quizás alguien en letras en Buenos Aires. Pero yo me pregunto ¿lo leemos en las clases de secundaria, en los profesorados aquí? La línea es Arlt, Piglia, Aira. Algunos me van a decir algo por esto, pero yo lo veo así. Pregunto también, en las escuelas secundarías ¿los invitan a estos poetas locales?

OP: Nosotros los vamos a invitar.

FB: ¡Bien! Por ahí pasa el tema.

OP: Pero de verdad que los vamos a invitar a todos.

FB: Te creo. Tenemos que tener espacios locales para que estos escritores y los que vengan puedan publicarse, y que la gente los lea. La poesía no es algo intricado, remoto. Es el bacalao, los mates, el colectivo, la escuela… es la voz del territorio. Es como la ópera. Se escuchaba comiendo queso y tomando vino. Luego vino esa distancia artificial. El poeta toma el micrófono y le da voz al lugar. Las letras en general cumplen esa función. No digo que hay que desechar todo lo de afuera. Es bueno leer a Richard Wright porque en una de esas te está hablando de un dolor norteamericano que es idéntico al nuestro. Pensar globalmente y actuar localmente decían en una oportunidad. Una cosa no quita la otra. Y ya que los tenés acá a estos escritores, a la vuelta de tu casa.

“Los Cocineros”

Alba Murúa; Elizabeth Molver; Anahí Cao; Gino Bencivenga; Hugo Salerno; María Sueldo Müller; Omar Cao; Patricia Verón; Pedro Chappa; José Paredero; Víctor Cuello

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